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Incertidumbre global ante el anuncio de EE. UU. de gobernar Venezuela tras la captura de Maduro

La comunidad internacional observa con cautela un proceso atravesado por tensiones políticas, interrogantes sobre los recursos estratégicos y el riesgo de un prolongado tutelaje externo.

La confirmación por parte de Estados Unidos de que asumirá el control político y administrativo de Venezuela luego de la captura de Nicolás Maduro abrió un escenario inédito en la región y desató una ola de interrogantes a nivel internacional. Aunque Washington sostiene que se trata de una medida excepcional y transitoria para garantizar una “transición segura y ordenada”, aún no está claro bajo qué marco legal se ejercerá ese poder ni cuáles serán sus límites concretos.
 
Uno de los principales focos de duda gira en torno a la legitimidad jurídica y política de la decisión. No se ha precisado si la administración estadounidense actuará amparada en resoluciones internacionales, acuerdos multilaterales o decisiones unilaterales, lo que alimenta el debate sobre una posible vulneración de la soberanía venezolana. 
 
En paralelo, la comunidad internacional se muestra dividida entre quienes avalan la intervención como salida a la crisis y quienes advierten sobre un precedente peligroso en América Latina.
 
También persiste la incertidumbre sobre quién ejercerá efectivamente el poder en el territorio venezolano durante el período de transición. 
 
No está definido el rol que tendrán las autoridades locales, la oposición interna ni las instituciones del Estado, ni cómo se articulará el proceso para la convocatoria a elecciones. Esta falta de definiciones genera tensiones políticas y sociales en un país atravesado por una profunda crisis económica y humanitaria.
 
Otro punto sensible es el manejo de los recursos estratégicos, especialmente el petróleo
Analistas y dirigentes regionales se preguntan si la administración temporal incluirá decisiones sobre la explotación, comercialización y control de los ingresos energéticos, un aspecto clave para la reconstrucción del país y para el equilibrio geopolítico en la región.
Mientras tanto, gobiernos, organismos internacionales y actores políticos observan con cautela los próximos pasos de Washington. 
La promesa de una transición ordenada convive con el temor a una escalada de conflictos y a un prolongado período de tutela externa, en un contexto donde el futuro institucional de Venezuela sigue siendo una incógnita abierta.