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Un ex-cura pide que se prohíba a la Iglesia la confesión de los niños

 Adrián Vitali, autor de “El Secreto Pontificio”, está convencido de que, a través de ese sacramento, los abusadores indagan para elegir a sus víctimas entre los más vulnerables.

Una verdadera conmoción se produjo en Francia, luego de que una investigación independiente revelara que miembros del clero católico en ese país habían abusado de 216.000 niños desde 1950. La investigación había sido encargada en 2018 por la propia Iglesia Católica francesa que, al conocerse las conclusiones, expresó "vergüenza y horror" por el hallazgo y pidió "perdón".

Pare el ex sacerdote cordobés Adrián Vitali, autor del libro El Secreto Pontificio, las conclusiones no son ajenas a lo que ocurre en otros países. Incluso en Argentina.

"Esto recién comienza. Lo mismo pasó en Boston, Estados Unidos. Y también en Alemania, en Irlanda, en Austria… Apareció una puntita y, después, comenzaron a aparecer casos en todos lados. También en Argentina", expresó Vitali en diálogo con Verdades Afiladas.

Su convicción se basa en una estadística simple: "Somos 45 millones de habitantes (en nuestro país) y hay un cura cada 7000 habitantes, según datos de la Conferencia Episcopal Argentina. Es decir, tendríamos unos 6.500 curas, aproximadamente. La Iglesia ha generado un 10 por ciento de curas pederastas, según la Iglesia de Boston. Es decir que tendríamos unos 650 curas pederastas. ¿Y sabes cuántos hay denunciados en el país? 63, el uno por ciento. En Argentina aun no comenzamos a caminar este problema porque sólo las víctimas están corriendo el velo de la impunidad. No la Iglesia".

Vitali dejó los hábitos en agosto de 1997. Se había enamorado de Alejandra siendo cura párroco de Villa El Libertador. Recién 15 años después, cuando recibió la dispensa papal, pudo casarse por Iglesia. Su crítica a la institución ya había quedado plasmada, al menos en parte, con la publicación de Cinco curas: confesiones silenciadas, el libro publicado en 2011, del que es coautor. Pero ahora, con la publicación de El Secreto Pontificio ahonda sobre el silencio cómplice de un perverso entramado que permite y justifica los abusos. En sus páginas hay testimonios desgarradores de los sobrevivientes de abuso eclesiástico.

"La Iglesia los encubre y los justifica (a los abusadores). La mayoría de los curas procesados a través de los tribunales eclesiásticos no están echados", aseguró Vitali.

En la charla con Mariano Montali y Gabriela Zabala, el escritor fue muy contundente al referirse a una medida que, a su entender, debe tomarse de manera urgente para prevenir los abusos. "Los Estados tendrían que exigirle a la Iglesia que no se confiese más a los niños de primera comunión, porque esos niños tienen que declararse culpables ante una persona que no conocen. Eso que le cuentan a esa persona no se lo pueden contar al papá ni a la mamá. Y el 95 por ciento de los curas abusadores usó la confesión para indagar sobre la sexualidad y la condición social del niño y elegir a su víctima. No es un dato menor. Hay que tomar medidas de prevención para con los más vulnerables", consideró.

Para Vitali, "la víctima denuncia cuando puede, no cuando quiere". Pero prefiere poner el foco sobre los abusadores: "El pederasta es un compulsivo. Se reitera porque no puede controlarse. Es una patología y no hay ningún medicamento que pueda prevenir eso. Por eso la Iglesia tiene que expulsarlos inmediatamente. No los puede guardar en monasterios".

"La Iglesia piensa que el delito sexual es un pecado y que se resuelve rezando un rosario", explicó Vitali justo antes de desandar la raíz antropológica de la concepción que prefiere encubrir a los abusadores en lugar de denunciarlos.  "Para la Iglesia el cuerpo es una cárcel. Hay una persecución al cuerpo, en especial al cuerpo de las mujeres. En el siglo XII, con la inquisición, se condenaba a las mujeres de sabiduría como ‘brujas’, porque se consideraba que, si una mujer tenía conocimientos, era porque había hecho un pacto con el diablo. Pero antes de quemarlas las confesaban para salvar su alma, porque para la Iglesia el alma es buena y el cuerpo es malo. Esa concepción nos hizo muchísimo mal y se sostiene con los chicos abusados", finalizó.


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