El presidente de Argentrigo destacó que el buen desempeño productivo contrasta con un mercado internacional que presiona los valores a la baja.
El campo argentino avanza en una campaña con una lógica clara: se produce bien, pero se gana justo. En ese equilibrio inestable, los rindes vuelven a ocupar el centro de la escena como el factor que evita un deterioro mayor de la rentabilidad.
“En términos productivos, un buen año. En términos de números, quizás no tanto. Hoy creo que los rendimientos son los que están compensando los precios que no son tan buenos”, resumió Gonzalo Augusto, economista de la Bolsa de Cereales de Córdoba y presidente de Argentrigo en Inteligencia Agropecuaria.
La fotografía del negocio muestra precios levemente superiores a los del ciclo anterior, pero aún lejos de niveles que permitan márgenes amplios. En ese marco, la rentabilidad se mantiene positiva en buena parte de la cosecha gruesa, aunque con una característica dominante: depende más del volumen que del valor.
“Si bien tenemos precios un poco mejores que el año pasado, están lejos de ser precios muy altos. Los márgenes están justos, pero en gran parte de la cosecha gruesa se mantienen positivos gracias a los rindes”, agregó.
El frente internacional aporta otra pieza clave al escenario. La abundancia de oferta global, con Brasil cerrando una cosecha récord y Argentina atravesando una de las mejores campañas de los últimos años, presiona sobre los precios y limita cualquier expectativa de suba sostenida.
“Cuando uno analiza el contexto de oferta a nivel mundial, no estamos en una situación complicada: la oferta de granos es abundante, con Brasil cerrando una cosecha récord y Argentina con una de las mejores de los últimos años”, explicó Augusto.
El resultado es un mercado estable, pero exigente. Un tablero donde el agro responde con producción, mientras la rentabilidad se define en el margen fino entre costos, clima y un escenario internacional que, por ahora, no da señales de escasez.
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