El sacerdote describió un escenario donde el delito aparece naturalizado: “la única forma de progresar es vendiendo droga”.
Desde el corazón del Barrio Müller, el sacerdote Mariano Oberlin volvió a poner el foco en el entramado social que rodea al narcomenudeo y pidió no reducir el problema a una sola herramienta.
“No conozco la ley en profundidad, pero si fuese solo por eso, me parece que no alcanza”, planteó al referirse a las iniciativas que apuntan al cierre de los llamados búnkers.
En su análisis, advirtió que el fenómeno trasciende lo policial: “No es solamente la cuestión material de la venta de droga, sino también lo simbólico, lo aspiracional que se genera en los chicos”, sostuvo.
El sacerdote describió un escenario donde el delito aparece naturalizado en algunos sectores: “Se va desarrollando un sentido común en algunos lugares donde parece que el narcotráfico está bien”, señaló, y alertó por el impacto en adolescentes: “La única forma de progresar es vendiendo droga”.
También remarcó que las intervenciones aisladas no alcanzan: “Vos podés voltear un búnker, pero a una cuadra tenés otro”, graficó.
Oberlin insistió en la necesidad de una estrategia más amplia: “Nosotros trabajamos en ayudar a los chicos a salir del consumo, pero hace falta mucho más que eso”, explicó, y pidió políticas que combinen contención, prevención y oportunidades.
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