31-03-2026 | 09:12:22
| Sociedad
El caso reabre el debate sobre la detección temprana, el rol de la familia y la falta de herramientas en las escuelas.
El ataque ocurrido en una escuela de San Cristóbal volvió a poner en foco una problemática que, según especialistas, no aparece de un día para el otro . Detrás de los hechos extremos, advierten, hay señales previas que muchas veces pasan desapercibidas.
En ese contexto, la neuropsicoeducadora Elena Kuchimpós, directora de Coordinación del Concejo Deliberante de Córdoba , analizó el caso y advirtió sobre la necesidad de mejorar la detección temprana. “Generalmente, estos chicos que tienen ataques abruptos presentan un perfil muy bajo, poco sociable, y ahí también hay que estar atentos” , explicó. La advertencia apunta a cambiar el enfoque: no solo observar a quienes tienen conductas disruptivas, sino también a los estudiantes más introvertidos .
En ese marco, sostuvo que las reacciones violentas suelen estar vinculadas a situaciones de desborde emocional. “Ante situaciones que los desbordan, los jóvenes pueden reaccionar de una manera absolutamente incontrolable, y eso es lo que termina generando estos hechos extremos”, remarcó.
El diagnóstico también alcanza al sistema educativo. “Las escuelas están desbordadas, los docentes muchas veces no tienen herramientas y además enfrentan situaciones de violencia, tanto en sus hogares como por parte de las familias de los alumnos”, advirtió.
El caso reabre así el debate sobre la detección temprana, el rol de la familia y la capacidad de respuesta de las instituciones, en un contexto en el que la violencia juvenil muestra signos de crecimiento y mayor complejidad .